La guerra eumesa de los carteles

14/10/08

El Concello de Pontedeume coloca señales para advertir de las consecuencias de fijar anuncios en el mobiliario urbano



La travesía urbana de la N-651 es la primera impresión de cualquier viajante que pase por Pontedeume. Y en ocasiones, la vista no resulta todo lo atractiva que cabía esperar. Rótulos hechos a mano colgando de las barandillas que separan la acera del asfalto, anuncios en folios de papel pegados a los mismísimos semáforos, pegatinas de la última campaña municipal, grandes carteles que anuncian fastuosos espectáculos vuelven opacos los cristales de la marquesina del autobús...

La panorámica enturbia a menudo la vista de la villa medieval y el enclave de la ría en el que se encuentra. Pero eso tiene los días contados. El Concello ha decidido recordar que está prohibido fijar anuncios o carteles en el mobiliario público, tanto por el deterioro como por el impacto visual. Y ha colocado varias pegatinas en lugares estratégicos para que a nadie se le pase por alto esta medida. El responsable será, como siempre, «la empresa anunciante».

Con esto, se espera poder acabar con el mercadeo de espacios publicitarios en uno de los lugares más vistos del municipio. Como una especie de gran avenida repleta de luminosos, la abundante cartelería que se venía fijando en ese entorno era un reclamo perfecto para los cientos de conductores atascados en alguna de las múltiples retenciones que allí se sufren casi a diario. No en vano los semáforos son, si cabe, los más cotizados. Incluso una pequeña caja metálica que acaudala los sistemas de control de las señales luminosas se encuentra tan afectada que apenas se aprecia su color de origen.

Ahora, el propio Concello ha limpiado buena parte del empapelado. La marquesina fue el primer objetivo, ya que apenas dejaba pasar la luz por sus laterales. Y también se espera que la nueva medida, es decir, fijar un cartel que prohíbe fijar todo el resto de carteles, surta efecto y se pueda volver a apreciar el aspecto primitivo de una villa repleta de historia.

La Voz de Galicia